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Cómo manejar el estrés en los hijos

Padecimientos como el estrés y la ansiedad son una constante en nuestra sociedad y lamentablemente se presentan a edades cada vez más tempranas, diversos estudios han comprobado su relación directa con un sinnúmero de enfermedades, de ahí la importancia de aprender a distinguir y controlar nuestras emociones y al mismo tiempo educar a nuestros hijos a fin de que sean capaces de manejar con asertividad los retos del día a día. 

 

El amor es el mejor antídoto: Contra la ansiedad, el estrés y el miedo... Amor, mucho amor, amor incondicional, que el niño perciba que tiene el cariño de sus padres, a pesar de todo, a pesar de sus tropiezos, de sus dificultades, de sus miedos… Así dicho, suena fácil, pero en la práctica ese amor hay que demostrarlo en muchas situaciones y a todas horas, incluso cuando no estamos para nada, solo para acostarnos o descansar. El amor se les demuestra haciéndoles sentir que estamos mejor con ellos que sin ellos, y que nos gusta su compañía (cuando la realidad es que muchas veces preferiríamos estar solos). El niño percibe amor cuando nos interesamos por sus juegos, por sus problemas y por sus amigos, cuando sus limitaciones no nos importan y no son el argumento para compararlos, y cuando les dejamos claro que seguimos queriéndolos, aunque se porten mal, aunque tengamos que castigarlos. 

 

Confianza, autoestima y autonomía: Hay que mostrar confianza en nuestros hijos, y enseñarles a que creen en ellos, y en su capacidad de superación, potenciándoles la autoestima y ayudándolos a ser cada vez más autónomos. Resolverles sus problemas, evitándoles cualquier preocupación, tampoco es la fórmula, y de hecho no les hacemos ningún favor, ni los queremos más, enfrentándonos por ellos a sus dificultades. Con nuestro apoyo, son ellos los que deben resolver sus problemas y sus agobios del día a día. Protección, sí. Sobreprotección, no. 

 

Corregirle, sí, y elogiarle, también: Potenciar la autoestima de nuestros hijos no es decirles que todo está bien ni hacerles creer que son infalibles. La tolerancia de la frustración es fundamental. Y aceptar las correcciones de otros, también. Debemos hacerle ver que nuestras correcciones no son a la persona, sino a sus actuaciones. Igualmente es importante elogiarles por sus avances, pues si nos centramos sólo en lo que hacen mal, su autoestima y confianza se verán mermadas. 

 

Hablar, hablar y hablar. Y escuchar: Que el niño pueda expresar sus sentimientos, y que perciba que esos sentimientos y opiniones nos importan y nos la tomamos en serio, que nos preocupa cómo se siente. Contarles cómo nos sentimos nosotros, como padres, de vez en cuando, tampoco es mala idea, para que ellos vean que nosotros también compartimos nuestros sentimientos, y que es normal hacerlo, no es una cosa de niños. Si nosotros como padres contamos con ellos para expresarnos y desagobiarnos, ellos contarán con nosotros. 

 

Los miedos no hay que evitarlos, hay que vencerlos: No hay que evitar que los niños se enfrenten a sus miedos, sino ayudarlos a afrontarlos y superarlos, porque sólo afrontándolos se darán cuenta de que no hay nada que temer. El miedo aumenta cuando sistemáticamente se eluden los acontecimientos que generan ansiedad. La mejor manera de superar el miedo a pasar la noche fuera de casa o a volar, es pasar la primera noche fuera y realizar el primer vuelo. La mejor manera de superar el miedo a los exámenes o hablar en público es incorporarla a la rutina de los días, sin darles mayor importancia. 

 

Ensayar las situaciones: Cuando los problemas o situaciones que causan ansiedad están identificados y localizados, ensayar esa situación puede ser una muy buena idea. Si a tu hijo pequeño lo han nombrado llavero de la clase y esa designación le causa ansiedad, darle las llaves del portal de casa para que se vaya habituando puede ser una forma de entrenarlo en su nueva responsabilidad para que la asuma sin temor cuando llegue el momento. 

 

Hábitos sanos que favorecen la relajación: Una alimentación y una actividad física adecuada, con tiempo de ocio dedicado al deporte y a los amigos, y no sólo a Internet y los dispositivos móviles. Una rutina proporcionada a la edad de horas de descanso, sueño y trabajo, favorecen indudablemente el equilibrio emocional, evitando los episodios de estrés y ansiedad. 

 

Ser un ejemplo: Los niños no imitan lo que sus padres les dicen, sino lo que ven en ellos. Si ven a sus padres estresados, conectados todo el día al móvil, sobrecargados de trabajo y estando en casa sin estar, lo más probable es que esa tensión se contagie a los niños. Igualmente, si los niños ven que aplazamos nuestros problemas, que ocultamos nuestros sentimientos y en suma que vivimos la vida con ansiedad, ellos aprenderán inconscientemente a afrontarla de la misma manera. 

 

Ajustar las expectativas: Ni subirlas desproporcionadamente ni bajarlas al suelo. Simplemente situarlas en relación con sus capacidades, ajustando sus ritmos y la presión de las actividades extralectivas y de las notas, a sus capacidades y necesidades. Sí, es difícil, pero hay un barómetro infalible: ¿se le ve contento habitualmente? 

 

Una técnica de utilidad en cinco pasos: Consiste en los siguientes:  

 

1) reconocer el problema con nuestro hijo, haciéndole ver que las situaciones problemáticas son algo normal en la vida diaria y que la mejor manera de enfrentarse a ellas no es inhibiéndose ni dejándose llevar por los impulsos 

2) describir con detalle la situación problemática (quién, dónde, cuándo, cómo…), explicándole que el problema real no es la situación, sino cómo se responde a ella 3) buscar con nuestro hijo todo tipo de respuestas alternativas al problema, cuantas más mejor, sin excluir ninguna, por absurda que nos parezca 

4) ayudarle a elegir una, después de analizar las ventajas y desventajas de todas  

5) animarle a ponerla en marcha, evaluando con él los resultados y elogiándole sus avances. 

 

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